miércoles, octubre 15, 2008

Te Equivocaste… yo no era tu amiga…

Por Cynthia Céspedes

Y así se desarmó mi vida…
En el segundo en que la verdad interrumpió mis sueños.
Así se esfumaron mis recuerdos…
En el minuto en que te quitaste el disfraz de bosta retórica con que embriagabas mi romanticismo.
Por eso
Hoy le EXIJO al cielo que me brinde una oportunidad para volver a nacer, OBLIGO a mi voluntad a que te olvide de raíz y FUERZO a mis memorias a que se desvanezcan en el río salobre que aún corre por mis mejillas.
Mientras… sólo me queda seguir intentando regalarle algo de consuelo a mi corazón, que yace estropeado y desvalido, en una jaula abierta, ubicada dentro de mi alma…
No me queda más que confortar este padecimiento en la cadencia reiterativa de las voces que acompañan mis días… aquellas que me repiten incansablemente que las cosas suceden por algo… esas que me gritan en la cara que ya era hora de pensar en la niña que lloraba exiliada y desconsolada en mi corazón… las mismas voces que me abrazan a diario y que, sin embargo, no logran calmar mi dolor…
Oigo las voces y las escucho en silencio… acepto su verdad y humildemente me someto a sus reparos… “Tienes que olvidar”, repiten… Pero YO, aún no estoy segura si realmente quiero hacerlo… si de verdad pretendo borrar de mi alma aquella ilusión que alimentaste con mentiras… mentiras dulces, mentiras blancas… mentiras abultadas, que sabían ‘perfectamente’ hacerme reír y me bañaban en suavidad… mentiras que acompañaron mi sonrisa todos estos años, pero que hoy se deshacen cual algodón de azúcar en mi boca…
Tampoco sé si tendré el valor de incinerar este sentimiento, sumergirlo para siempre en la profundidad del olvido, para así poder volver a brillar con la luz y los colores que siempre me caracterizaron…
Fuiste el dueño de mis sueños, el cacique de mis emociones, el caudillo de media vida mía… Tuviste en tus manos el interruptor de mis convicciones y no fuiste capaz de percibirlo…
Mientras yo hacía antesala de mis fantasías y esperaba ansiosa el cruce de nuestras autopistas, tú volabas… construías tu propio cielo y te iluminabas del brillo de las estrellas que quisieron alumbrar tu camino… porque, según tú, mi brillo ya se había consumido…
Decías que no me preocupara porque mi historia tendría un final feliz, que edificara sueños propios, porque jamás me dejarías… me contabas que todos te decían que yo era el amor de tu vida y que al final, a pesar de todo, tú te quedarías conmigo… pero claro. olvidé un detalle. jamás dijiste que me amabas…
Y tal vez porque me creíste una tonta… quizás porque me pensaste dominable… sin embargo, no tomaste en cuenta algo… SOY MUJER… por eso me apasioné tanto con esta emoción; por eso intensifiqué mis sentimientos; por eso entregué más de lo que tenía, sin importar las consecuencias; por eso creí en el hombre que amaba y no ví maldad en su mirada; por eso fui capaz de caer una y otra vez y aún así tener fuerzas para levantarte si lo necesitabas; por eso pude soportar ser desplazada, aguantar las indiferencias y aún así ser capaz de esperarte sin mirar el reloj de mi vida… Porque SOY MUJER y cuando amo, sólo sé hacerlo de una sola forma…
COMO UNA TONTA…
Hoy, siento que el amor me castiga, me condena a caer abatida en la más cruel de las decepciones, me niega la posibilidad de seguir esperando flotar en el jardín de tu corazón... Hoy siento que el amor inhabilita mi corazón para te siga amando…
A partir de hoy, el Amor me ha prohibido recordarte… Por una razón muy simple… jamás me amaste… o por lo menos cuando dejaste de hacerlo, nunca lo mencionaste…
Por no hacerme daño, terminaste destruyendo mis fantasías, obstruyendo mis ilusiones y quebrantando el espejo interior de mi alma… que hoy, aunque logre reconstruirlo, jamás podrá proyectar la imagen que reflejaba cuando yo te amaba…
Habría sido capaz de seguirte hasta el fin del mundo, sin sentir que mi familia era un obstáculo… porque mi familia eras tú y el Martín… Habría sido capaz de invertir otros 10 años de mi vida, envuelta en una ilusión y esperándote con los brazos abiertos, si tan sólo tus palabras hubieran tenido un señal de verdad…
Hoy debo entender que todo lo que decías estaba escrito en papel de arroz y que hoy se desvanece, en este océano de lágrimas que rodea la isla dónde lloro por ti… Hoy debo concebir que nunca más estarás en mi vida, que nunca más podré mirarte como lo hice por más de 10 años, que nunca más tendré que creer en ti y que nunca más lograré saborear aquella ilusión que me mantuvo en pie… Porque tengo que olvidarte y tengo que aprender a aceptar que todo lo tuyo fue una simple mentira…

Nunca te escribí nada…
Por eso, hoy te regalo estas palabras y con ellas te ofrezco independencia; te rescato de la triste realidad de tener que darme migajas de amor como agracimiento; te libero de la culpa, por tener que hacerme el amor tantos años y fingir que me amabas, aún estando con ella; te rescato de la responsabilidad de quererme sólo porque soy la madre de tu hijo y te quito el pecado de tener que estar conmigo, cuando en realidad amabas a otra…
HOY… Te devuelvo la vida que quizás robé cuando comencé a amarte e intento recuperar la mía, que ya se encuentra algo desmembrada, un poco destruida y sobretodo desarmada…

No sé cuánto dure este dolor, pero confío en que no será para siempre… No sé cuándo pueda ponerme de pie… No sé cuándo terminará mi duelo...
Sólo sé que a pesar de todo, estoy segura de que mi corazón sí sabe amar y entregarse incondicionalmente… por eso, si lo hizo una vez, podrá hacerlo muchas más…

Sin embargo, tú no sabes lo que es el amor, sólo sabes mentir y adulterar verdades; sólo sabes omitir, confundir sentimientos y herir con palabras bellas…

Espero que hoy te haya quedado claro cuánto te equivocaste …
Porque YO no era tu amiga… ERA TU MUJER…

…hasta nunca…

jueves, mayo 29, 2008

¿Te Conté que Tuve Miedo?

Por Cynthia Céspedes

¿Sabes?
Esa noche tenía miedo…
Me sentía subyugada por el pánico…
Pero ahí estaba, entregada a un huracán de convulsiones que viajaba por mi cuerpo… un ciclón descontrolado de emociones… mezcla de espanto e inocencia idealista.
Es que había pasado tanto tiempo desde la última vez que te miré a los ojos… tantos años desde aquella vez en que me despedí de ti con un torpe beso en la mejilla y no fui capaz de decirte Te Quiero, que ahora la emoción confundía mi cabeza y me regalaba un instante de inocencia.
Esa noche… yo pensaba… que gracias a nuestro reencuentro yo volvería a ser esa niña que nunca dejó de mirarte de reojo.
Esa noche… yo estaba segura de que me convertiría en aquella chiquilla ingenua que no dejaba de voltear la vista cada vez que tus ojos amenazaban los míos, con ese dulce modo de gratitud, porque sabías que no había nadie en ese colegio que te mirara más que yo.
Esa noche sentía que mi corazón experimentaba una conducta nueva, que era capaz de alejar cualquier pasión descontrolada de mi cuerpo y lo ubicaba en una posición virginal, suave y saturada de la dulzura que en mi interior comenzaba a florecer…
Habían transcurrido 17 largos años y la vida ya me había convertido en una mujer, aguerrida, sagaz y llena de experiencia, que nunca imaginó volver a sentir pavor, cobardía o algo de inseguridad, nuevamente.
Pero, al parecer la vida fue justa y cruzó nuevamente mi trayecto con el tuyo, para hacerme vivir una colisión confusa de alegría. Me puso frente a ti y, en una noche de lluvia, logró llenarme de un miedo sublime.
Un miedo que me invitaba a disfrutarte, pero que enredaba mis instintos. Un pánico ‘tentador’, que ponía en jake mi actitud de mujer perspicaz con la esencia fina de la niña que aún suspiraba por dentro.
Porque… ¿te conté que tenía miedo?...
Sentí pudor, un poco de vergüenza, algo de timidez y sobretodo ingenuidad. Estabas de vuelta en mi vida y te habías convertido en un hombre grande. Tenías apariencia de maduro y ya no jugabas a creer que eras una de tus caricaturas favoritas.
El futuro te había atacado y te habías vestido con otro cuerpo, lleno de los accesorios que la vida fue estampando en tu piel. Sin embargo, hubo algo que me señaló que seguías siendo el mismo, hubo algo en la profundidad de tus ojos me pedía que te creyera y fue la sutileza de tus dulces besos los que me obligaron a buscar en un rincón de mi corazón, aquel sentimiento que me hizo soñar en mi niñez. Aquel sentimiento que me hizo creer que algún día volverías y me dirías soy tuyo…
Hoy, por fin he perdido el miedo, dejé atrás el pudor de los 13 años y me atrevo a invitarte a compartir conmigo este nuevo sueño, que alegra a mi corazón… Tu Regreso


Escrito con amor, en un momento de ingenuidad...

lunes, abril 28, 2008

"Hay gente que es TAN educada que jamás habla con la boca llena… sin embargo, no les cuesta NADA hablar con la cabeza hueca..."

"Mi conciencia tiene para mí,
más peso que la opinión de todo el mundo"

martes, febrero 19, 2008

Víctima de las Emociones

Por Cynthia Céspedes

Había olvidado cómo era ese dulce sabor que queda en el cuerpo cuando entra un sentimiento. Ya no recordaba cómo era confundirse ante el eco de la frase “eres tan especial”. Mi pecho se había resignado a no estremecerse ante una mirada intensa y no sé por qué razón le prohibí a mi boca humedecerse si alguien la miraraba con ternura.
Dejé relegado el sabor que tiene un beso, antes de que mis labios lo experimentaran dentro. Borré de mi memoria todo el recuerdo que podía volverme vulnerable ante una emoción. Comencé a calcular con los números de la razón, sin pensar que una ecuación seduce mucho más que su propio resultado. Creo que alguien, alguna vez, terminó convenciéndome de que la vida real no podía ser una comedia romántica.
Tercamente me negué a aceptar lo hermosa que puede ser una mañana, si alguien está dedicando unos minutos de su vida a pensar en ti. Los años me volvieron egoísta con mi corazón y sólo me dediqué a satisfacer los caprichos ‘infantiles’ de mi vanidad. Relegué la poca inocencia que había quedado de mi niñez y ubiqué en su lugar a una de sus peores enemigas, ‘La Razón’.
¿Y Sabes?, con el tiempo me fui quedando sola… y esa soledad (¡qué absurdo!) comenzó a gustarme. Eso me hizo pulir mi vida con delicias efímeras e indigentes, que la complacencia propia trae consigo.
Día a día, convertía cualquier deseo en un desafío. Por eso, sin darme cuenta, emergió de mí una mujer diferente, desafiante y que iba contra el mundo, ganando cuanta batalla se le cruzara en el camino.
Pero nada de eso dió resultado… porque esa mujer era sólo una persiana, que se cerraba fuertemente cada vez que mi esencia quería observar el mundo, entre sus espacios de realidad.
Parece que la ‘obsesión por ser distinta’ se apoderó de mí. Sin embargo, la testarudez sólo logró hacerme olvidar, porque no consiguió que yo cambiara… no logró llevarse lo esencial… Después de todo, ser yo misma, siempre me ha convertido en alguien diferente.
Pero eso pude deducirlo sólo aquella tarde, cuando me aparecí en el patio trasero de tu vida; cuando, sin planearlo, le robaste una carcajada a mi alma y me devolviste eso que ya no recordaba.
Todo esto pude deducirlo cuando me dejaste entrar sigilosamente en tu corazón y permitiste que yo lo acariciara. Todo sucedió, el día en que comencé a extrañarte y noté que poco a poco crecía en mí la necesidad de hacerte feliz.
Pude notar mi cambio, el día en que cerré mis ojos y ya no tuve miedo de caer, porque me hiciste un regalo que jamás había recibido, La Confianza.
Todo esto me quedó claro aquella noche en que, pensando en ti, sentí que tu olor se había fundido en mi piel, hasta el punto en que ya no necesitaba tenerte cerca, porque estabas dentro de mí y formabas parte de mis sentidos.
Pero, ¡es tan poco tiempo!, podrías pensar. Sin embargo, a tu lado, eso del tiempo increíblemente no existe. Me haces sentir que te conozco desde siempre y que esto ha sido sólo un reencuentro.

Creo que la vida ha sido sabia al unir 'recién' nuestras autopistas. Permíteme agradecerte, ya que contigo, el camino de mi vida tomó un sabor delicioso, desde el día en que comenzaste a marchar a mi lado.
Me llenas de fantasías, en un momento en que ésta ya me había abandonado. Eres algo maravilloso, lo mejor que pudo ocurrirle a mi corazón y eso me obliga a cuidarte. Ahora, no puedo despreocuparme de ti. Si algo te sucede, cómo podría consolar mi corazón… creo que no lo soportaría.
Es verdad que cometo errores, constantes errores, pero quien no lo hace ¿no?.
Después de todo, mi única intención en la vida era ganar y tú, cuando llegaste, me quebraste el esquema.

Hoy me siento una víctima de las emociones y te concedo (egoístamente) la culpa. Llegaste a mi vida, te paraste frente a mí y hechizaste mi razón. Te culpo por todo lo que me está sucediendo… pero más te culpo…
...Por Hacerme Feliz...

jueves, agosto 16, 2007

Lo Siento... Pero te recuerdo...

Por Cynthia Céspedes.

El pasto esta húmedo y poco a poco su agua va calando mi ropa.
Mi madre me diría que si sigo recostada acá me voy a enfermar, pero sabes... me gusta lo que siento.

El pasto comienza a humedecer mi espalda y su olor penetra en mi memoria.
Me gusta como huele... cierro mis ojos y... ahí estas.
¡Ganaste!
El olor del pasto húmedo me recuerda a ti.
Tiene el color de tus ojos y su aroma... no es un aroma cualquiera... es especial. Es como cuando tu piel se humedecía y caían sobre mí las gotas de tu agitación.


Es imposible no recordar como tu sudor se convertía en lluvia y caía gota a gota regando de lujuria nuestra cama. Circulaba prolijamente por mi cutis y aprovechaba cada rincón de mis secretos.

Ahora, puedo acariciar lentamente este pasto e imagino que es tu piel. Tan irresistible, tan sublimada, tan sutilmente empapada.
Es la misma sensación que me provocaba tu cuerpo (no lo olvido) cuando te revelabas frente a mí y me hacías disfrutar tu desnudez... Sabías perfectamente que me encantaba contemplarte.

Yo creo que por eso nunca dejaste que yo te quitara la ropa. Siempre procurabas hacerlo tú. Delante mío... delante de la avaricia libidinosa que recorría mis sentidos.
Sabias crear una coreografía perfecta, que me regalabas al ritmo de tu seducción. Sabias de tu belleza y te aprovechabas de mi urgencia.
Ahora, estoy aquì, recostada sobre este pasto húmedo y puedo recordar nuestros fugaces encuentros. No fueron tantos. No duraban demasiado. Pero fueron suficientes como para sentirlos aún en mi memoria.
Esa parcela era un escondite fabuloso, que nos permitía vivir importantes retiros de hambre carnal. Parece como si todavía yo estuviera ahí, bañándome contigo en ese jaccuzi. Compartiendo junto a ti un agudo maremoto de pasión desordenada. Que delicioso era reunir la noche, el vino y tu cuerpo.
Abrumador por momentos... pero inolvidable, por lo que estoy temiendo.

Cada vez que tus verdes ojos seguían los míos, me hacías victima de una tempestad furiosa. Yo terminaba presa de tus brazos y tu olor terminaba capturándome.
Nadie nunca nos escuchaba. Eso era lo tentador de nuestros encuentros.
Nunca fuimos uno, pero yo, me sentía completa... completamente satisfecha.


Lamentablemente jamás fue amor de tu parte, pero qué delicioso fue saborearte libremente, en esa cama rodeada de naturaleza. Es una pena imaginar que tú ni te acuerdas, pero qué perfecto era el efecto que me provocaba el vino cada vez que lo consumía a tu lado. Qué tentador era sentir el aroma a pasto húmedo entrando por ese ventanal de madera vieja, que nos mostraba la noche mientras nos entregábamos y nos acompañaba junto a unos palos de bamboo que bailaban al ritmo el viento .


M... m... m... Era un pasto especial.
Verde como tus ojos y con olor a mi humedad.
El mismo olor que huelo ahora... la misma humedad que me baña recostada...
Es el mismo olor que me hoy hace recordar que alguna vez exististe en mi vida y que, sin quererlo, te quedaste pegado en mi piel...

¿Deseas compartir otra botella de vino?

sábado, agosto 11, 2007

¿Recordemos juntos en la web?

viernes, agosto 10, 2007

Alguna vez tenía que pasar...

Por Cynthia Céspedes

Me gustó.
Fue como hundirme en tus ojos por un segundo, sin saber que la sensación se prolongaría hasta ahora. Esa tarde me desplomé en el paraíso de tu mirada y me dejé domar mucho antes de que lo sugirieras.

Me gustó. Fue diferente.

Debe haber sido el verde astuto de tus ojos, que me penetraba dulce y sosegado. Perdón, pero creo que he cometido la desfachatez de enamorarme. Creo que he insolentado a mi alma, al ponerla frente al dulce placer de un amor prohibido.
Un amor que reprime, me condena, encadena mi vida... pero libera emociones.

Pudo haber sido tu boca, pudieron haber sido tus manos. Quien sabe si fueron tus besos... Fatal Caramelo de Sal... que esa tarde condimentaron mi piel y la dejaron sazonada para que tú disfrutaras del maná, que sutilmente iba asomando por mi cuerpo.
Fuiste sereno, cómplice de mi pasión y mentor de mi proceder. Entraste en el calor de mi apetito carnal y lograste que por primera vez te creyera mío.

Pero qué digo... mío... si hasta me cuesta pronunciarlo.
Después de todo, no fue mas que una simple posesión momentánea, un insignificante relámpago de pertenencia.

Pero Sí. No me lo puedo negar. Fue una tarde milagrosa, si hasta pareció verdadera. Te aferraste a mi locura y me hiciste socorrer tu encanto con caricias que traía guardadas en mi sombra.

“No es amor”... me dijiste... “lo que tú sientes es sólo un capricho”.

¡Capricho!
Posiblemente.


Pero el capricho más excelso que ha tentado a mi alma. Un capricho dulce, vivo, palpitante, que subyuga mi espíritu y traslada mi juicio por vías destelladas y sublimes.

¿Puedo culpar al amor por ultima vez?

Así podré deshacerme de la despreciable responsabilidad de vivir condenada, por querer apoderarme de lo que no me pertenece.
Ya no quiero seguir apremiada, sólo porque a mi rebelde corazón se le ocurrió olvidar que ya tenías una vida.

¿Te dije que me gustó?
¿Te dije que fue diferente?


Me encantaría que nos olvidáramos nuevamente de lo CORRECTO y viviéramos otra tarde de libertad. Así podré sentirme viva otra vez y con la fuerza necesaria para decirle a mi corazón:

No te preocupes,
aún puedes esperar...